Hace días vengo sintiendo una sensación que conozco demasiado bien…
Ay… ay… ay…
Es como una gotera que va llenando un envase… gota a gota… poquito a poquito… ese rítmico sonidito irritante que te va molestando y molestando… y no sabes lo realmente harto que estás, hasta que pasa algo -que es, esa última gota que rebosa tu envase de la paciencia- y sin más, todo lo que lleva meses, años o días acumulándose allí, sale a presión, de golpe.
Pero vamos por partes: Comencemos con la primera gota, que es, esta parte I.
Antes de mudarme a donde estoy ahora, pagaba una fortuna para cualquier mileurista (820 euros) pero vivía mejor, es decir, tenía vecinos pijos y todo. Ahora, pago la mitad, pero mis vecinos son unos senegaleses con un piso patera. He contado al menos 10 personas distintas que viven allí en escasos 60 metros cuadrados.
Antes, si, pagaba caro, pero como era obra nueva, no pasaban cosas como la de esta noche pasada, en la cual se rompió una tubería de un piso de la planta de arriba y nos pasamos media madrugada, recogiendo agua entre todos. Y suerte que no fue el de justo encima… En fin, que es lo que tienen los pisos más viejos. De hecho, se supone que debo dar gracias a dios que al menos, tiene ascensor.
Antes, salía en coche, desde mi parking y, no me enteraba mucho de nada, pero ahora, estoy tan cerca, que llevo al peque andando al cole. Unas cosas por otras… supongo…
Esta mañana, salí como todos los días a llevarlo y, no sé si siempre han estado allí, pero el caso es que hoy fue que reparé en ellos (bueno, apenas me mude hace unos días)… Son un buen grupito de pre-adolescentes (el mayor no tendrá ni 15 años), y ya son porreros absolutos, yonquis perdidos, que nos recibieron (al abrir la puerta) con una buena bocanada en plena cara. Obviamente, o van al cole totalmente drogados, o ya ni van. Recuerdo esa noticia que salió la semana pasada en un recuadro mínimo, súper pequeñito, sobre las cifras alarmantes del problema de las drogas aquí. Recuerdo otra mini noticia, sobre el tema de la deserción escolar que le pone los pelos de punta al mas pintado. Bueno, consolémonos: podría ser peor. Podriamos ser el primer país. ¿No?.
Los miro con más detalle, y me hace gracia, porque ¿Quién dijo que en España no hay buena integración cultural? Unos eran bien blanquitos, pero con rasgos 100% Spanish. Otros dos morenos, otro parece moro, un par “del este” creo, pero mira: ¡si hasta tienen un negrito! … Que majicos se ven, todos los coleguillas drogándose bien temprano… todos con sus zapatos de marca y bien vestiditos. Nada de gitanos camellos (si, de esos también hay un grupo en la misma calle, pero unos portales más allá).
Miro la hora. Son las 8:45 am.
Comenzamos a andar, y enseguida pregunta el peque ¿mama a que huelen esos chicos?. Y aun cuando siempre le contesto a todo con la verdad y calma, debo admitir que me costó hablarle del tema, aunque por supuesto, le expliqué. No sé si me entendió, pero lo intenté. Una conversación que volveremos a tener, pero que no me quitó el enfado. Al contrario. Con el sueño que tengo del trasnocho limpiando, me voy enervando más a medida que transcurre el día.
9:10 am. Ya dejé al peque y regreso a casa, porque claro, no tengo trabajo por las mañanas. Es que No hay. Modestia aparte, soy realmente buena en lo que sé hacer, o mejor dicho, en lo que hacía. Si, en tiempo pasado, porque en casi cuatro años, ya prácticamente he olvidado lo que es tener un trabajo bueno, fijo y estable. Esos recuerdos son así como borrosos… me parecen una fantasía de otro tiempo, de otra vida...
10:30 am. Mientras me tomo un té con galletas, sigo pensando y pensando y llego a la conclusión más simple: Y es que No. No quiero nada de esto para mi pequeño. Ni para mí. Ni para mi pareja. No quiero ver más niños-porreros. Me pone enferma. No, tampoco quiero saber más del paro. Ni de los políticos (si veo otra vez a masturbito me moriré). No quiero saber nada más de la crisis. Y menos que menos, tocar el tema de las pensiones.
Entre lo que pasó con el piso… que no me renovaron el contrato de la basura de trabajo en el supermercado y todo esto… creo que va llegando el momento…
Oh sí. Eso parece…
No sé si lo recordaran, pero como también me negaron la beca del comedor y no hay jornada continua, lo tuve que sacar. Por lo cual, vengo y voy del cole 4 veces al día, a dos viajes que hacen un total de 8 caminaditas de 10 minutos, ya que entra a las 9:00, sale a las 12:30, vuelve a las 3:00 y sale a las 4:30… ¡menos mal que tengo trabajo solo por la tarde! (me quedan las horas de la academia, y debo sentirme más que agradecida, claro).
Luego de buscarlo (otra vez), comer, y volver a llevarlo (otra vez), son las 3:10 y ya voy de regreso a casa para preparar las clases de la tarde. Algo me llama la atención: uno de los padres que acaba de ir a dejar a su hijo, misma edad que el mío, pero de otra clase, se detiene. Me quedo helada, mientras lo miro rebuscar en el contenedor de la basura. La curiosidad me puede y me le acerco. Tengo que saber si es que tiene Síndrome de Diógenes (no parece, va bastante limpio y no huele mal), o que es lo que pasa.
Con mis dotes comunicativas naturales, en 5 minutos ya me he enterado de que se quedó sin trabajo, es viudo, y le toca criar al niño solo, y, lo peor, aunque parezca mentira, como cobra 400 euros (que, por lo que parece, es toda una fortuna en estos momentos), también le negaron la beca del comedor. Rebusca para poder comer él y trata de dejarle lo mejor al peque. También busca a ver si consigue cosas para reparar y venderlas luego.
Ojo, que es español de pura cepa. 100% Maño. Nada de Rumano, ni cosas raras… Digo más: Repara bien, porque era electricista… (habla como lo hago yo de mi profesión, en tiempo pasado). “Es con esta crisis maña, la cosa está muy jodida” me dice. Dice también que lo hace a esta hora, para que el niño no le vea. Le creo. No es ni de lejos el único que veo día y noche rebuscando comida en los contenedores. Mis propias manos sacaban la basura del supermercado y vi de todo. No me lo han contado. Lo he vivido directamente.
Llego a casa. Son las 3:20 pm. Subo. Me siento en el sofá y me trago mis lágrimas de indignación. Me trago las preguntas. Todas. Desde la de ¿donde coño están los servicios sociales? Hasta la de ¿Dónde está el dinero de nuestros impuestos?. Porque es verdad, no soy española, pero eso solo vale para la prensa y los prejuicios. A efectos legales, me toca pagar impuestos como todo el mundo y hacer las cosas como todos lo demás.
Me trago también la rabia que me da tanta injusticia, porque si no, me va a dar por bajar y ponerme a gritar en plena la calle, y no quiero salir mañana en El Heraldo como “Latina agresiva y violenta se vuelve loca y es arrestada por desorden en la vía pública”.
Todos sabemos que cuando empiezan con el tema del “racismo” y/o los “inmigrantes” en los medios, es porque siempre hay algo más gordo tratando de ser tapado. Que buenas son las cortinas de humo…
Preparo mi clase, con la cabeza zumbando… Ya son las 4:20. Me voy de nuevo al cole (otra vez). Busco al chico (otra vez), y lo dejo con papá en casa. A él le toca el “segundo turno” mientras me voy a la academia.
4:45. Voy andando y aprovecho para contar todo lo que veo. Pienso en el dinero que se gastaron en ESTO. O en las campañas políticas de todos los partidos, año tras año. O en ESTO otro. Y sumo y sumo, y ese dineral, ese dinero que podría servir para tanto… para tanta gente… para tantas cosas realmente importantes… no es nada. Sólo cifras.
Pienso en el del estudio de metro, que fueron 200 mil euros: a razón de 10.000 anuales de un salario medio, es un dinero con el que podrían vivir 20 familias, un año entero… 20 familias, y en cambio, uno solo se embolsilla ese dinero de todos, para su único beneficio… para que luego de pagarlo, el belloch diga que es que es muy caro... hay que joderse...
De 5 a 8, doy mis clases. Hago lo que puedo, lo mejor que puedo. Regreso andando claro, ya me olvidé de lo que es conducir: me juré no pagar el precio que dicen que vale la gasolina. Ahora, gracias a nuestros queridos dirigentes (mundiales y particulares) tendremos más salud y unos cuerpos esculturales forjados de tanto caminar y/o andar en bici (aayyy y eso que no he tocado el tema de que ya tampoco podemos fumar ni por ley ni por el dinero que cuesta!!).
Son las 10:30. Ya cenamos, nos duchamos. Ya jugué con el peque, le conté su cuento antes de dormir y le di su cola cao. Lo veo en la cama… y si.
Oh sí.
Vuelvo a sentir lo mismo que ya sentí en Vene: Rabia. Dolor. Pero sobre todo, IMPOTENCIA. Me vuelvo a preguntar lo mismo de siempre: ¿Qué hacemos? ¿Cómo alguien común y corriente, puede hacer que las cosas cambien?. No se me ocurre ninguna respuesta. No lo sé. Así que por lo pronto, solo hay una opción. Mi peque se merece una vida mejor. Mi El y yo nos la merecemos también.
A las 11:00 pm, Solo se que parece que el viento (que no el Cierzo), está cambiando de nuevo… Me siento y escribo todo esto. Pienso de nuevo en todo, releo lo escrito y a las 12:00 ya estoy segura de que No quiero más esta Mala Vida.
Como bien dijo Manu Chao en este temazo (cuando el mundo era otro, y Mano Negra era pura vanguardia): "Ya pronto me voy, a escapar"…
Porque así como mi tolerancia parace haber alcanzado su límite… así también es como…
El Mar No Cesa.