No conozco a nadie totalmente fiel.
Es decir, no conozco a nadie, que no le haya sido infiel al menos a una de sus parejas al menos una vez.
¿Y por qué me interesa esto? Pues porque si esto es así en todos nosotros, debemos concluir que no existe nadie absolutamente fiel.
Bien, si es algo inevitable entonces, la siguiente pregunta es ¿Por qué ocurre?. ¿Por qué somos infieles alguna vez (o algunas veces)?
Gran número de mis entrevistados al respecto, afirman aburrimiento como primera razón. Es decir, de tanto estar y estar con la misma persona, como que algún día dan ganas de variar un poco...
Como segunda razón, otro grupo cree que se debe a que mejora la autoestima. El ego se nutre de esos cumplidos, de esos detalles que, bien sea por costumbre o por fastidio o por lo que sea, la otra parte (la pareja) ya no da.
Algunos me han dicho que, simplemente se enamoraron de otra persona. Y Punto.
Lo que me lleva a la cuarta razón esgrimida por los últimos, y que, en mi opinión, debería ser la primera razón: Desamor.
Si te has “desenamorado” de una persona, es cuando te puedes enamorar de otra… ¿no?.
Pues No.
Resulta, que un grupo más reducido, en franqueza, me ha dicho (sin saberlo, o conocerse entre sí) casi la misma frase: “Una cosa no tiene nada que ver con la otra”. Es decir, una relación “estable”, no tiene nada que ver con una “provisional”. O dicho de otra forma: el amor, no tiene nada que ver con el sexo (ocasional con otras personas).
¿Qué opináis vosotros?.
Doy vuelta a la moneda y a su otra cara: ¿Qué pasa con el otro lado? ¿Cómo hace el que se queda con su infidelidad encima?. No sé como actuaría si fuese mi caso… Cuando me ha tocado, simplemente lo he dejado. He entendido que si mi pareja busca más, no hay nada que yo pueda hacer al respecto. En otros casos, me he enterado mucho tiempo después, con los años… y ya no me importaba… (mucho, porque sí que me dolió el ego… pero en fin, ya nada se podía hacer… me quedé con mis cuernitos bien puestos).
Pero resulta, que últimamente, me he topado con muchos conocidos en trámite de divorcio o separación, y me preocupan los montones de pequeñines que están en el medio… Y no, no juzgo a nadie, ni se nada, ni hablaré mal ni de un lado, ni del otro… sólo estoy impresionada al ver como los usan, los manipulan y los dañan, sólo para llegarle y hacer sufrir a la otra parte. ¡Qué incivilizados pueden volverse algunos!. (o mejor dicho, podemos volvernos, repito, porque no sé cómo sería si…).
Dejo de divagar y llega la pregunta final que me (y os) hago: ¿Tenemos derecho a ser infieles?.
¿Tenemos derecho en nombre de nuestra propia felicidad de estropear a tantas personas, niños incluidos?. ¿Cual lado pierde más? ¿Quién gana algo aquí?.
¿Vale la pena? ¿Merece esa nueva oportunidad tanto dolor, tanta pena, tanta tristeza, o, en el mejor de los casos, tanto esfuerzo?
Pues no lo sé… parece que me he vuelto una cobarde…
Sigo creyendo que se debe a lo que nos puede hacer sentir otra persona. Es decir, que la razón de ser infiel obedece a lo que sentimos por otro(a).
Entonces enloquecemos y le decimos: “La razón eres tú”.
Porque así como (al parecer) si que cambiamos, o evolucionamos o nos moderamos de alguna manera, aunque no lo sepamos… así también es como…
El Mar No Cesa.