Mostrando entradas con la etiqueta JUANES. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta JUANES. Mostrar todas las entradas

12.11.13

REALIDAD

Ha sido un año realmente raro. Y largo. Muy, muy, pero que muy, largo…
El tiempo se ha estirado de maneras increíbles. Alargándose y desenroscándose como si en él cupiesen 100 años. Si, se sienten como 100 años. 100 años luz.
Y, como el mar, que viene y va, siempre mar, siempre en movimiento, y, como muchos de los seres que en él viven, he vuelto a la orilla.
La orilla salvadora, la orilla tibia y acogedora que existe solo en los recuerdos. Esa que luego de llegar, nunca se parece a la real.
Exacto.
Exacta y sola, única y exclusivamente de eso han estado rellenos estos 100 años luz: De realidad.
Una sola, enorme, gigante y siempre espeluznante realidad. Una sola que se dividen y son muchas. En esa, caben todas. Las mundiales. Las locales. Las personales. Pero de primera, cabe la inmutable y eterna realidad la de la vida. Esa que dice que lo único constante en ella, es el cambio.
Cambiamos otra vez.
Esta vez, cambiamos Europa. Con su crisis económica, la falta de trabajo, el paro, el incremento de movimientos nazis y ultras. La bonita, limpia, en la que todavía puedes caminar por la calle en paz, así sean las 4 am. Esa, la de las plazas hermosas, la de las miles de carreteras y millones de kilómetros de AVE. Esa, la que tiene 40 agencias bancarias por manzana. Esa, en donde estamos presos por no tener nada. Ni dónde ir, nada que hacer, nada…. Porque no había para gastar / comprar ni buena vida, ni diversión.
Europa. La de amigos increíbles. La de gente realmente especial. La del exilio. La de abrir los ojos. La de entender todo. La de agradecer lo pequeño. La de los amigos bloggeros.
Alguna vez fue sueño. Irreal. Hermoso. Ciudades eternas. Antiguas y modernas.
Y por eso, casi nadie se explica cómo fue que “osamos” cambiarla por esto.
Esto es, Latinoamérica. Suramérica. Caracas.
Donde la realidad es una patada en la cara cada día y a cada segundo. Donde la pobreza, la miseria y la inseguridad son la santísima trinidad.
Aquí, la realidad, es lo único que hay. Como allá.
Aquí toda la realidad es tan obvia, tan directa, que solo se puede escapar de ella, haciendo un gran esfuerzo mental de abstracción (es decir, soñando).
Pero al hacerlo, el gasto de energía te deja no solo exhausto, si no desprotegido, porque aquí eso, es un lujo.
Si estás distraído, estás muerto.  
Caracas, con sus 200 muertos semanales por la delincuencia. Caracas con su tráfico infernal. Caracas, donde solo llegas en mototaxy, pero donde no existe una sola autoescuela que enseñe  a manejar o conducir una moto.
Caracas… donde toca vivir y donde toca salir todos los días porque hay trabajo. Porque sigue siendo la ciudad donde hacer dinero más o menos rápido es posible, aunque parece algo totalmente incongruente con su santísima trinidad.
Eso es.
En Caracas también estás preso.
En ambas realidades, estás preso sin ser delincuente. Todos, somos presos del dinero. O mejor dicho, del mal uso del sistema del dinero…
Entonces… avanzo y ya voy llegando a una conclusión. Llego, y  me doy cuenta que ya tuve esta epifanía antes: Si, el mundo a ratos, parece un lugar muy pequeño.
Y me digo lo que ya seguro todos ustedes están pensando. Cada sitio tiene sus problemas, cada país, ciudad o comunidad, sea grande o pequeña tiene cosas buenas y malas.
En todas partes, por mucho que corra o me esconda, hay una realidad que terminará encontrándome.
Así que, ¿para qué me preocupo?. Si al final, para mí, y para todos y todo…


Porque así como tenemos derecho a quejarnos y desahogarnos, también podemos elegir ser felices con las tantas cosas que si valen la pena en este mundo.
Así también es como…
El Mar No Cesa.