ESCENA 1:
La primera vez que me di cuenta que tenía prejuicios, hasta me asusté. ¿Cómo era posible? ¿Yo? ¿La de la mente más abierta? ¿La más comprensiva? ¿Yo?. Pues sí. Yo también.
Fue cuando uno de mis mejores amigos, me llamó un día para decirme que tenía novia nueva. Y que yo conocía a su hija... Esa hija, estudiaba conmigo en la Uni. El era novio de ¡SU MAMA!
Me enfadé mucho con él, le critiqué, y le juzgué. Por poco no le dije que era un aberrado…
ESCENA 2:
Claro, como ser pensante -que creo ser- me pasé como una semana razonando… y en medio de esos días, estaba comiendo en un restaurante, y ¡plas! Se me cayó hasta el tenedor de la mano cuando al fin lo entendí: Tenía un prejuicio con las relaciones entre mujeres mayores y chicos más jóvenes.
¿Quién demonios me creía yo para juzgarlo?. ¿Y porque encontraba esa relación tan repulsiva?.
Retomé mi tenedor -y mi lasaña de berenjenas- pues llegué a la conclusión de que era por miedo. Supuse, que si eso me pasaba con mi madre, yo simplemente me moriría de la vergüenza, y no me importaría que lo quisiera o que ella estuviese bien y feliz. Era capaz de anteponer esa tontería a su felicidad. ¡Qué espanto! . Eso no podía ser…
Bien, una vez comprendí de que tenía miedo, recordé que por eso es que tengo tatuado un NO FEAR enorme: El miedo no deja pensar. Por eso lo detesto. Paraliza. ¿Cómo fue que no había visto antes que son los prejuicios los que sacan a la superficie lo peor de nuestros miedos?. Miedo a que me pase lo mismo, o peor… o miedo a perder cosas (como el trabajo, las creencias).
Y el miedo, ergo, termina en guerra…
ESCENA 3:
Claro, luego me tocó llamar a mi amigo, disculparme y explicarle lo ocurrido. El -¡tan majo!- me entendió tan bien, que me invitó a una fiesta en casa de “la novia”, uno de esos días de semana santa...
Tragué grueso: una cosa era saber que tenía un prejuicio, y otra, enfrentarme a él. Así, cara a cara.
Y fui (no tenia opción, ni excusa, por la semana de fiesta), y lo pasé muy mal. Veía a mi compañera de clases, tan o más incómoda que los demás, y me daban ganas de fingirme enferma de repente.
Pero aguanté, y menos mal, porque luego, poco a poco, con los días, y los meses y los años que vinieron (y en los cuales, ellos, siguieron juntos, dicho sea de paso), aprendí a tolerar, pero sobre todo, a entender. A entenderme y conocerme más a mí y un poquito más al mundo.
Así que ahora sé, que, gracias a esa experiencia, he superado otra barrera de estupidez. Y lo celebro.
ESCENA 4:
¿Qué como lo celebro?. Pues estamos en semana santa ¿no?. Y recordando esa fiesta, y que (dicen) que es época propicia para reflexionar… pues encuentro que hay una banda a la que realmente odio. Sin ninguna razón (aparente), y por puro prejuicio: Maná.
Dios, solo el nombre me pone enferma. ¡Puaj!
¿ Y qué haré a continuación?. Pues haré penitencia, y buscaré alguna canción que (al menos) medio me guste. Puede que a la larga, no sea mi canción favorita, pero tiene que haber al menos una que no sea tan mala… Como a todo, le daré su oportunidad y les buscaré “el lado amable”.
Esta semana santa, terminaré con un prejuicio menos.
Nada es absolutamente malo, ni bueno, solo hay cosas que no entiendo, o que no comprendo del todo (el cine de Kubrick o los desfiles de moda, por ejemplo, entre muchas otras cosas).
Y esta será mi manera de ejercitar la paciencia y la tolerancia. Cosa que nunca viene mal.
ESCENA 5:
(Dos días más tarde)
ESCENA 6:
Mi aprendizaje ha dado sus frutos, ¡mira por donde! Acabo de descubrir no una, ¡si no dos canciones! que con estos nuevos oídos, no me han parecido (tan) malas… Al menos, si no la letra y la música, ambos videos me han parecido espectacularmente bien hechos:
Maná - Mariposa traicionera
Ahora, visto lo visto, me queda una sola duda: ¿Quiénes serán esa malas mujeres con las que salen estos amigos de Maná?, ¿No conocen a alguna medianamente buena? ¿Alguna normal? Si no es una mariposa traicionera, es una hechicera, o duele, o es una loca, o está compartida, o quieren borrarla, u olvidarla, las lloran un rio, o chillan para que los deje entrar, o les mande una señal… Vaya, ¡qué mala suerte tienen!...
Mana Hechicera
¿O sería por ese “desprecio/desahogo” por esas supuestas femeninas, por lo que no me gustaban antes y que mi prejuicio sí que tenía alguna base, en el fondo muy en el fondo?
Porque así como nadie es dueño de una verdad absoluta (porque no existe), así también es como…
El Mar No Cesa.