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14.3.09
EL ULTIMO DE LA FILA: Cuando el Mar te tenga
Hace un tiempo leí un libro sobre el profeta Moisés (si, ese, el de las aguas y los mandamientos, el de la Biblia y tal). Era una novela, en la cual la autora, trataba de explicar la historia de este hombre desde un punto de vista humano. Me gustó muchísimo, porque esas historias fantásticas de la Biblia, siempre me han parecido difíciles de creer.
En este caso, ella explica, de manera muy simple que Moisés era un hombre como cualquiera, un tipo normalito, pero que jugó con las cartas que le tocaron y jugó bien. Vamos, resumiendo, en el libro, este señor, lo único que tenía de excepcional, era su motivación: La Naturaleza.
Si, según la autora, Moisés podía sentir ciertas cosas de la madre tierra, y esto se tradujo en acciones. Por ejemplo, lo de subir a un monte a meditar (justamente, para entrar en contacto con los elementos) y allí, meditando, en comunión con la perfección de la tierra, se le ocurrieron los mandamientos. No eran solo para un grupo de gente (eso vino luego, lo de los “elegidos”, la exclusión, y lo de la tierra prometida). Originalmente eran sólo unos mandamientos de respeto: Normas básicas de convivencia.
Que luego llovió, y un rayo le dio a él la excusa perfecta, para decir que se los había enviando Diosito mismo, eso ya es harina de otro costal.
El caso es que tanto a Moisés, como a nosotros, desde el principio de los tiempos, nos ha afectado y nos sigue afectando el tiempo, el clima. Seguimos estando a su merced. Tanto como si hace bueno, como si hace malo, eso nos afecta. No importan cuan avanzados creamos estar (tecnológicamente hablando), porque con la Naturaleza, seguimos en pañales. No podemos casi predecirla, ni ver o saber de la mayoría de sus formas, así que solo nos queda, aceptar lo que nos da y además, sentirnos agradecidos cuando nos muestra su mejor sonrisa.
No he conseguido a nadie inmune al clima que le rodea. A Nadie. Muchos refranes incluso vienen de esto. Aun más increíble es la relación que parece existir entre ciertos países debido a su clima. Es, a mi juicio, fascinante. ¿Por qué entonces el dinero (en España, por ejemplo) se hace en el norte, se administra en el centro y se gasta en el sur?. O ¿por qué países como los de la franja central del planeta, donde hace mas calor (entiéndase como Parte sur de Centro América, El Caribe, el Norte de Suramérica, y, siguiendo la misma línea, el norte de África y parte de los países Árabes), siempre están y han estado en crisis?
Pues para mí, está claro que el clima y la idiosincrasia del país en el cual vivimos, nos hace tener mayor tendencia a actuar de determinada forma. No es que sea una regla, a veces, nacemos en el lugar equivocado, según nuestra forma de ser, y (gracias al cielo) para ello, siempre podemos irnos. Eso, para los casos en los cuales simplemente no comulguemos con la ideología del sitio donde nos tocó nacer.
Esta idea tiene ya varios días rondándome la cabeza, y ahora que lo pienso, supongo que será por la cercana Primavera que -por fin- regresa.
Esta canción, de la mano de los chicos de El Último de la Fila y voz de Manolo García, siempre me ha relajado y claro, resulta lógico asociarla: El mar, con su calor, con su arena, y con sus olas… “Cuando el mar te tenga te tendré”.
Porque así como las estaciones se suceden unas a otras, así como siempre sabremos que por muy duro que sea un invierno, luego, siempre vendrá llegará el calor, así es como…
El Mar No Cesa.
Letra: Cuando el Mar te Tenga
Vuela al viento espuma del mar,
Vuela al viento y vuélvelo a volar.
Mezcla el mundo, ruge mistral,
Mezcla el mundo y mézclanos con él.
Ahórrate esas palabras de amor
Que nadie va a comprender,
Ni tan sólo yo.
Si lo que vas a decir
No es más bello que el silencio,
No lo vayas a decir.
Que hable el mundo y calle el hombre,
Calle el hombre y vuélvase a callar:
Mezcla el mundo, ruge mistral;
Mezcla el mundo y mézclanos con él.
Ruge mistral, vuélvenos locos de atar
Y con tu antiguo furor
Llévate a aquel que ose hablar.
Mientras todos duerman te amaré.
Cuando todos hablen huiré.
Lejos, muy lejos, en silencio.
Lejos, muy lejos, en silencio.
Cuando el bosque te hable te hablaré;
Cuando el mar te tenga te tendré.
Murmullo de una oración
Minúscula y dulce;
Murmullo de tu respiración
Al despertar.
Ruge mistral, medio dios;
Llévate el mundo de aquí,
Peina la espuma del mar
Y llévanos muy lejos, muy lejos.
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MANOLO GARCÍA
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